Historias que enseñan: Veintiún jugadores, un solo corazón

Cuando esta semana pensaba en el tema sobre del que hablar en el post dominical, pensé en hablar de los últimos indicadores de abandono escolar temprano publicados o de los últimos debates sobre educación que afloran últimamente en los medios . También pensé en hablar de un artículo que leí la semana pasada en el que a pesar de hacer una ácida crítica a la nueva educación, planteaba aspectos interesantes para debate.

Pero no lo haré. Quizás la semana que viene sí, pero hoy no. Ya tendremos tiempo de ponernos críticos con muchas cosas. He preferido  escribir sobre algo que aunque parezca que no tiene sentido en este blog, para mí sí que lo tiene…porque hay historias, que enseñan.

La semana pasada empezó con una noticia de esas que muchos publicamos en nuestras redes sociales, que sale en los periódicos y que a todos nos emociona…hasta que el paso del tiempo la borra de nuestras memorias. Y aunque que yo hable de ella no va a cambiar eso, quiero hacerlo porque me gustan las historias con épica y con mucho de romántico. Además, creo que a la historia que contaré hoy se le puede sacar mucho jugo desde varias perspectivas del trabajo en el aula.

En fin, la noticia es simple y no despertará ninguna sorpresa en vosotros: el Leicester city se ha alzado con el título de campeón de la liga inglesa. ¿Y qué nos puede enseñar esto? Alguno pensará que poco o nada y menos en el mundo actual en el que la industria del fútbol se ha apropiado del propio deporte. No le faltará razón al que lo piense, pero el caso del Leicester es interesante precisamente por ello, porque ha conseguido golpear en una de las premisas de ese nuevo fútbol de los petrodólares: esa que dice que “el camino del éxito es tener mucho dinero y un equipo repleto de cracks”. Y en mi opinión, aunque sea triste decirlo, ese mantra domina gran parte de los sectores de nuestra sociedad. Y en educación más de lo mismo. A veces los que trabajamos por estrechar la brecha de la desigualdad educativa nos topamos con un muro de conformismo en objetivos que nosotros mismos ponemos, cuando debería ser lo contrario. Lo diré metafóricamente siguiendo el ejemplo del que hoy estoy hablando. Si para el que puede el objetivo es ganar la liga, ¿porque para los que no tienen tanto el objetivo máximo ha de ser la salvación? En fútbol quizás puede ser entendible plantearse un objetivo de esa manera…en educación NO. Debemos trabajar y pelear para que todos tengan las mismas oportunidades de “ganar la liga”.

Dinero es igual a éxito. Fácil, sencillo, pero con ejemplos como el del Leicester, gracias a dios… incorrecto.

Y es que siendo profesores y teniendo enfrente a un numero indeterminado de alumnos, somos en cierta medida entrenadores de equipos, o para quien prefiera verlo de otra manera, acompañantes del aprendizaje de nuestros alumnos. Y de la misma manera, tenemos (profesores y alumnos) unos objetivos que cumplir para lograr el ansiado título (eso sí, éste sin forma de copa)…

Por eso mismo, hoy quiero hablar de esta historia.

En 2015 el Leicester city acababa de subir a primera división tras vivir el anterior un episodio de pesadilla al perder el partido de ascenso en el último minuto cuando tenían un penalti a favor (en el video de abajo se ve la tragedia…).

tristeza leicester

El año siguiente a aquello ascendieron a primera división, pero la vuelta a los infiernos de la categoría inferior parecía evidente cuando a falta de nueve partidos, el Leicester city era último a siete puntos de la salvación. Como por arte de magia ganaron siete partidos consecutivos. La gente supersticiosa en la pequeña ciudad de Leicester atribuyó aquellas siete victorias en nueve partidos al rey Ricardo III, ya que el repunte empezó justo después que el esqueleto del monarca medieval recibiera un entierro digno en una sepultura en la catedral de Leicester, 530 años después de su violenta muerte. Pero aquello no era sino el principio de una historia que desafía toda lógica.
Pasada la temporada y llegado el verano, el Leicester despide a su entrenador y ficha a Claudio Ranieri, quien no dirigía en Inglaterra desde que el Chelsea lo despidiera en 2004. El italiano había dejado de ser un técnico en boga: llevaba ocho meses desempleado y acababa de sufrir otro nuevo despido con la selección griega. A sus 64 años, todo auguraba a que aquella sería la última vez al frente de un equipo de fútbol para el entrenador que un día fue alguien, pero que ahora había dejado de serlo. De hecho, Gary Lineker, exjugador del Leicester y leyenda del fútbol ingles llegó a publicar en su twitter lo siguiente:Captura de pantalla 2016-05-05 a las 20.05.34

A punto de empezar la temporada y con un gasto en fichajes para su plantilla que suponía la mitad de lo que el Manchester city pagó por Sterling (jugador suplente por cierto), el Leicester se había ganado la etiqueta de “cenicienta”. Tanto es así que las casas de apuestas daban 5000 euros por euro apostado si aquel equipo, que acababa de salvarse de milagro y a cuyo entrenador le faltaban meses para la jubilación, ganaba la liga. 5000 a 1, nada más, nada menos. Ni las abuelas de esos jugadores podrían si quiera creer lo que serían capaces de hacer sus nietos tiempo después.

“Son 26 jugadores, pero un solo corazón” decía Ranieri a mitad de temporada. Lo habían logrado. Habían logrado vencer a clubes multimillonarios con plantillas repletas de estrellas, y aquella historia había empezado de la manera más tonta. Después de llevar los 7 primeros partidos encajando goles, Claudio Ranieri dijo a sus jugadores: “Si conseguimos dejar la portería a cero, traigo pizza para todos”…comenzaba así la gesta.

victoria

Casi un año después, aquel equipo en el que nadie creía ni para la salvación, estaba colocado en primera posición y necesitaba de un empate del segundo clasificado para ganar la liga. Aquellos jugadores, que llevaban la mayor parte de su carrera rondando por divisiones menores, quedaron en casa de Jamie Vardy, delantero y “estrella” del equipo, para ver el partido del segundo clasificado y celebrar en caso de empate, la culminación a una historia fuera de toda lógica.

El resultado de lo ocurrido queda plasmado en la siguiente imagen.

celebración

 

“El secreto es el trabajo en común y la unidad en el vestuario (…) estamos ante el mejor espíritu de equipo que recuerdo en toda mi carrera”- Claudio Ranieri

Ahora para terminar quiero dejar una última reflexión. A veces para que algo pueda ocurrir, se ha de empezar por eliminar la idea de que eso es imposible. Está claro que esta historia es una historia con un final feliz y que otros equipos con un espíritu similar no lo consiguieron, pero a veces es bueno recordárnoslas para no olvidar que son historias como ésta las que nos han de servir de guía a aquellos que creemos que todos pueden sin importar si tienen.

 

A aquel niño nadie le dijo que su sueño era imposible. Y como se olvidaron…lo hizo realidad.

Hasta el próximo domingo…en la última fila.

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